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La verdad tiene un precio: El auge imparable de los mercados de eventos.

Medium, 2025

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¿Qué pasaría si la forma más precisa de predecir el futuro no fuera consultar a un experto, sino observar dónde pone la gente su dinero? Esta es la premisa que está impulsando el auge imparable de los mercados de predicción en Estados Unidos y gradualmente en el resto del mundo. Bajo el concepto de la sabiduría de las masas, estas plataformas plantean que un grupo diverso de personas, motivadas por incentivos económicos, es capaz de generar pronósticos más certeros que cualquier analista individual. Lo que antes era un nicho para entusiastas de las apuestas de deportes y trading, se ha convertido en una plataforma donde se apuesta sobre casi cualquier cosa, desde si Jesucristo volverá antes de 2027 hasta sobre si China invadirá Taiwán a finales de 2026.

En el epicentro de este fenómeno se encuentran Kalshi y Polymarket, dos plataformas donde ocurren estas apuestas que han transformado la incertidumbre en una clase de activo, actuando como intermediarios neutrales que cobran una comisión por transacción de hasta el 3%. Mientras que Kalshi opera como una bolsa de derivados regulada por la CFTC (Commodity Futures Trading Commission) en EE. UU, Polymarket domina el ecosistema cripto, su naturaleza descentralizada a nivel global permite que la liquidez fluya a través de billeteras digitales con opacidad. El volumen de apuestas mensual ya supera los 23.000 millones de dólares en marzo 2026.

Muchos expertos sostienen que estos mercados no son solo una alternativa a las encuestas, sino su sucesor definitivo. Estudios sobre los Iowa Electronic Markets, una bolsa de valores donde se intercambian contratos sobre resultados electorales, muestran que este sistema ha superado la precisión de las encuestas tradicionales en el 74% de las elecciones desde los años 90. En una encuesta, mentir es gratis; en un mercado, el sesgo se castiga con la pérdida de capital. El caso de Donald Trump en octubre de 2024 es la prueba de fuego de esta teoría: mientras los modelos basados en encuestas tradicionales declaraban un "empate técnico" absoluto (50/50), los mercados de predicción como Polymarket ya le daban a Trump una probabilidad de victoria superior al 60%. Esta "piel en el juego" convierte a los mercados de predicción en la fuente más precisa. En palabras de Shayne Coplan, CEO y fundador de Polymarket: “Es lo más parecido a una fuente de verdad objetiva que la humanidad haya inventado jamás”, ya que el incentivo financiero obliga a los participantes a buscar la información más objetiva posible, eliminando el ruido ideológico.

Sin embargo, esta búsqueda de la verdad tiene un lado oscuro: el tráfico de información privilegiada. Polymarket ha estado recientemente bajo sospecha por permitir, de forma indirecta, que 'insiders' operen en sus mercados. Se han detectado patrones de trading sospechosamente exactos justo antes de anuncios oficiales de política exterior o decisiones judiciales. Un usuario bajo el pseudónimo 'Magamyman' obtuvo una ganancia de más de 553.000 dólares con una apuesta en Polymarket: ¿Dejará Khamenei de ser el Líder Supremo de Irán antes del 31 de enero? Dicho usuario apostó justo antes del ataque que acabó con la vida del líder iraní. Si personas con información reservada, incluidos congresistas, pueden operar de forma anónima en Polymarket, este mercado corre el riesgo de convertirse en un cajero automático para la corrupción.

Esta problemática abre un debate ético sobre la gamificación de la tragedia. Hoy en día, es posible apostar sobre el número de bajas en un conflicto armado o la fecha exacta del colapso de un gobierno. Por tanto, ver cómo el sufrimiento humano se traduce en velas verdes o rojas en una pantalla es una degradación moral.

Aureo sí funcionó: las gafas amarillas de 199 euros se agotaron en una semana. Aun así, Marcos rompió con la marca hace siete días. ¿Por qué? La respuesta la dio él mismo ayer, sin decirla: presentó FreeHuman, su propio proyecto. Ya no necesita a nadie. La salud, el sol y el famoso biohacking son una línea de negocio que funciona solo si él está presente. Y es el valor que añade su persona lo que hace que este negocio sea prácticamente irremplazable y único. Ha conseguido juntar las características necesarias para que un negocio funcione.

La conclusión, después de cruzármelo en un pasillo e informarme de los negocios, es esta: Marcos Llorente no ha aprendido a montar empresas. Ha aprendido algo más raro y más rentable: a ser él mismo el activo. La marca personal está más al alza que nunca.

Simeone decía hace poco: 'Menos portero, puede jugar donde quiera.' Y miren. Va camino de demostrarlo dos veces. Dentro del campo y fuera.

La moraleja es la de siempre para los acostumbrados a acudir al feudo rojiblanco cada fin de semana. Si se cree y se trabaja, se puede. Marcos es un ejemplo más.

Agradezco al equipo de El Hormiguero por la oportunidad de conocer y estar tan cerca de referentes y profesionales.

CARLOS ROMERO

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